Todo empezó con una decisión valiente.
Corría 1983. Haydee, contadora de profesión, se había quedado sin trabajo tras el cierre de la constructora donde trabajaba. En vez de esperar, se animó a empezar algo propio: consiguió que un fabricante le diera en consignación zapatos de la marca Krunchi, y abrió un pequeño local en la Galería Vía de la Fontana. Se llamó Kalc, y su logo eran dos patitas. Ese fue el primer paso de una historia que ya lleva más de 40 años.
